domingo, 17 de noviembre de 2013

Pereza.

¿Adónde me dirigía ahora, que sería de mi?, ¿me querría alguien?, ¿quién?.
Qué pereza, volver a viajar, a construir anécdotas, a enamorar a alguien, a prometerse amor verdadero, discutir... otra vez. O no, empezar de nuevo desde 0, la hoja de la felicidad limpia y sin tachones, conquistar, enamorar, reír, hacer el amor, corregir los errores de otra vida y hacer que todo saliera perfecto. Podía ser. Sí. O no.

Heridas.

Cada recordatorio de mi dolor pasado y de la incertidumbre presente era como una ráfaga de alcohol en una herida aún sin cicatrizar.

Lovely people.

Sonreí, tratando de ocultar lo evidente, pero mi sonrisa se quebró en una mueca de pena. Y entonces me dijo:
- Eres muy joven y muy bonita. Y aquí no se ha muerto nadie todavía. Así que llora lo que tengas que llorar, pero recuerda: nunca dejes que las lágrimas te tapen el sol.

Live your life.

¿Angustiarte pensando en problemas todo el día? Pues no, porque así no hay quien viva. No puedes hundirte inventándote problemas imaginarios. Es de locos. Yo por eso me rijo por una sola cosa: hay que preocuparse cuando sucedan las cosas, porque vivir angustiada "por si acaso" no tiene ningún sentido.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Todo quedó en 9.

Ni siquiera había podido llegar a imaginar nunca como duele tener el corazón roto. Cuando cada pasito, movimiento, gesto, respiración, es una puñalada trapera en el pecho y mueres cada segundo sin morir, temiendo el segundo siguiente. Cuando cada segundo del día es una agonía porque solo tienes grabados a fuego sus labios en tu piel, y ese fuego ha causado quemaduras de tercer grado. Cuando ya en el  punto máximo de desquicio llegas a sentir sus manos acariciandote, como antaño. Y caes desde un avión sin paracaidas cuando te das cuenta de que solo es producto de un anhelo que nadie puede llegar a comprender hasta que lo siente. Hasta que siente que todo lo que habías construido piedrecita a piedrecita, con sangre, sudor, y lágrimas, muchas lágrimas, cae como si fuera un castillo de naipes en mitad de un tornado. Y en mitad del ojo de un tornado es como te sientes, sola y perdida. Con ganas de desgañitarte la garganta gritando, sin ser capaz de proferir ni un solo sonido. Y cuando ya ni siquiera te quedan lágrimas que llorar, vuelves a recordar una y otra vez esos momentos que tu creías de cuento pero han resultado no tener un final feliz. Y repasas sus ojos, su nariz y su boca, su tacto, sus manos, su piel, su pelo, su olor, su voz, y sabes que podrías llegar a dibujarlo de memoria. Una vez escuché que sólo se puede crear arte cuando algo duele, si eso fuese cierto su retrato seria la obra de arte más bella del mundo. Porque él me duele, me duele tan dentro que no puedo sacarlo de ahí sin matarme a mi misma, pero ni siquiera quiero porque como yo lo he querido, nadie lo amará.