Sonreí, tratando de ocultar lo evidente, pero mi sonrisa se quebró en una mueca de pena. Y entonces me dijo:
- Eres muy joven y muy bonita. Y aquí no se ha muerto nadie todavía. Así que llora lo que tengas que llorar, pero recuerda: nunca dejes que las lágrimas te tapen el sol.
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