lunes, 14 de enero de 2013

Miracles and smiles.


Al meterme en la cama, las noches que no estás me siento como una borracha bebiendo sola en la barra, buscando sueños y dando vueltas, imaginando todas las posibilidades de auxilio que tendría de tenerte al alcance de la boca. No es malo, y no me meto con mi vida por primera vez en mucho tiempo. Es la mejor vida que podía imaginar, aunque tenga que negociar horarios para verte y con despertador al día siguiente. Me he quitado los "hasta cuando" de la cabeza para besarte pensando en siempre, aunque siga con mi manía de no hacer negocios con el futuro. Apoyo mis sueños en tu vientre y no me corto al decir que "un día más sin verte y me quedo sin combustible". Lo de llamarte vida a veces no es un juego casual de palabras. Siempre he tenido un miedo atroz a la muerte, y tú eres su principal enemigo. No voy a esconderme detrás de un fuego fingido de cama  ni a rogar braguetas que no terminen en tu sonrisa. Saborear es el verbo que mas digo últimamente, porque no tengo sustratos de imposibilidad sino instantes de alevosía para morderte los días.
-A ver si es que vas a estar enamorada-, me dicen mis amigas. -Sí tía-,  respondo, la he cagado y soy como esa sábana a la que se le habían ido las pinzas: Me paso el día volando, despreocupada de todo lo demás.
Esperando quizá una llamada o la próxima vez, ocultando suspiros a propios y extraños, disimulando este estado permanente de felicidad pero con el paladar destrozado y no me importa, qué coño, quiero más, sigue sudando. Luego me miras al quitarme las medias, dejando con cuidado la vergüenza en la mesilla, agitando mi vida entre tus manos, tus manos de poliester y almíbar, tu boca de saliva de sueños, tu cuerpo de belleza en pause, de momento preciso, de sigilo en trance rozando el labio. Y todo lo que conllevas entre pasitos y milagros: las pestañas hacia abajo, y esa risa que siempre sabe a casualidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario