Tú puedes seguir divagando sobre lo estúpidamente fantásticas que son mis esperanzas, y lo harás. Lo sé. Pero en mis planes no hay nada escrito en cursiva que diga que mi último suspiro debe ser girando entre tus brazos. Gracias a Dios. Pues no quiero un final así. Y así es como me voy. Mejor sola que "demasiado bien acompañada", por aquello de mi adicción a los excesos...
Me voy, y pueden darte donde más duela, mientras yo espero oír esa voz que inicie mi camino, y tal vez, marque mi final. Pues me gusta mas eso de la indiferencia que el odio, y eso fue lo único que tú me enseñaste. También gracias a Dios.
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